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Comercio

Diciembre 1st, 2005 por Admin
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En el año de 1925, los tianguis de Iguala eran los días sábados y domingos, pero nunca faltaron los mercaderes que se quedaban hasta el lunes en la mañana para agarrar más clientes. El comercio en Iguala siguió floreciendo vivamente gracias a la llegada de varios extranjeros provenientes de todas partes del globo y que introdujeron tiendas comerciales de diferentes ramos en los portales de la ciudad. En aquella época ya era costumbre ver a diario vendedores de granos, verduras, frutas, granjerías, dulces caseros y los primeros puestos que vendían alhajas de oro y plata, siendo que con el tiempo esta actividad le daría a Iguala el titulo de “La ciudad del oro”, estos comerciantes solían vender su mercancía en los portales, afuera de las tiendas grandes.

Las artesanías de orfebres y plateros ya era famosa en esta región, tuvo como reiniciadores a don Refugio Santana, Sixto Barrera, Samuel García Gaona y la familia Ávila Mondragón, antes los metales se fundían en braseros y los trabajos se realizaban con sopletes de boca, los productos se llevaban a vender a la capital, se dice que el Sr. William Spratling52 , trajo a Iguala artesanos taxqueños para que aprendieran la orfebrería, con el tiempo se convirtieron en hábiles artesanos que han dado fama a nuestro estado, el mismísimo cetro o báculo del Papa Juan Pablo II fue elaborado en nuestro estado por la familia Castillo, oriundos de Taxco.

En este año también se establecieron en Iguala los señores José, Manuel y Tomás Ortiz Vivanco, originarios de Burgos, se quedaron en Iguala cuando adquirieron el negocio del Sr. Gregorio Orive, su trabajo consistió en la venta de telas, cuyo establecimiento conocido como “La fama” funcionó desde el año de 1925 hasta 1955 aproximadamente53 . En Iguala se estableció la sede de las oficinas de minería para la zona norte del estado, que tenía por objeto otorgar concesiones para la explotación de minerales preciosos.

Con respecto a la ganadería, aunque Iguala aun tenía en ese año campos verdes ideales para el pastoreo del ganado de cualquier índole, disminuyó la abundancia de éste debido al abandono de la tierra por las continuas guerras y a causa de los abigeos, sin embargo hay quien señala que “…en Iguala, el ganado nunca fue considerado como primerísima fuente de ingresos…” lo cierto es que en la historia de México el ganado fue una parte importantísima de nuestro sustento, progreso y cultura, durante muchos años nos proporcionó comida y nos ayudó en el trabajo, es correcto suponer que Iguala no fue la excepción.

La industria de Iguala fue característica por su seriedad y su calidad, en aquella época una de las principales industrias de Iguala era la fabricación de jabón, cosa que ya se ha mencionado anteriormente en los relatos citados, las fabricas de este producto eran llamadas comúnmente “Pailas jaboneras”, las curtidurías y las aceiteras y las embotelladoras también fueron importantes, el mismísimo Ambrosio Figueroa tuvo una embotelladora de refrescos en la calle de Zapata, otra fue de doña Ernesta V. viuda de Estrada en la calle de Madero. El Sr. Manuel Rueda tenía la fabrica de jabón “El marranito” y además una serie de Molinos y desgranadoras que estaban al servicio público en un local que estaba en la actual calle de Hidalgo, y se hacía llamar esta cadena “El centenario”, por lo que la gente conocía la calle como “calle del centenario” en lugar de decir el nombre oficial.

Juan Guadarrama Gómez señala en su “Crónica de Iguala, Gro.” que en Iguala la gente llamaba a las calles de acuerdo al mayor uso que tenían, así la calle de Aldama era la “Salida a Chilpancingo” , la de Madero era la calle de la “estación” haciendo referencia a que por ahí se llegaba al ferrocarril, algunas otras eran llamadas de acuerdo con personajes igualtecos notables, así la primera de Hidalgo era la “Calle de don Chano” y la calle de Alarcón era “la calle de los jarros”. Llama la atención por la época, que el Sr. Rueda usaba en aquel tiempo lo que ahora en propaganda comercial se llama “Slogan” ya que en aquel entonces estaban muy distantes estas proyecciones, pero él anunciaba su producto en las paredes con la siguiente leyenda:

El jabón del Marranito es en guerrero el campeón éste sí es jabón los demás son jaboncitos

Me contaron los que vivieron aquella época, y lo escribo aquí como una anécdota curiosa, que cerca de ésta fabrica estaba la fabrica de jabón de un tal Sr. Mazón, y que el Slogan del marranito fue escrito con una indirecta para la competencia, porque en la ultima frase dice “…los demás son jaboncitos” siendo que la conjunción de esas palabras formaba la pronunciación del apellido “Mazon” y por consiguiente se daba a entender que: “…El jabón del marranito sí es jabón, los de Mazon jaboncitos…” y según me contaron a la gente le causaba mucha risa porque el Sr. Mazón tenía que pasar por la fabrica del jabón del marranito y siempre que veía el anuncio hacía sus corajes por la indirecta. Continuando con la cronología para no perder el hilo de la historia, el primero de abril de 1925 tomó posesión como gobernador del estado el Gral. Héctor F. López; y el 10 de mayo, hizo su entrada el nuevo jefe militar de Iguala, el Gral. Joaquín Amaro, quien ese día desfiló por las principales calles de Iguala.

En el mes patrio se instaló la junta cultural igualteca, integrada por el Profr. José A. Ocampo, Cleotilde V. de Rivera, Daniel Cuenca, Dr. Galo Soberón y Parra, Tomas Soberón, Josefina Moncada, Elvira Martínez y Jesús Lavín. El Gral. Amaro restauró el orden en el distrito de Hidalgo y logró acabar con algunas pandillas de maleantes de esos que se dedicaban a asaltar en los caminos de herradura. En ese año se formó también el grupo partidarista de Emiliano Zapata: la Comisión Agraria, que estaba integrada por algunos oficiales amnistiados. Ya casi al acabar el año, llegó como jefe de Operaciones en Iguala el Gral. Claudio Fox, un sanguinario militar que era fanático del dolor y la injusticia ya que mandó ahorcar a muchísimos inocentes solamente por las sospechas que de ellos había.

Con su llegada los tamarindos del jardín Juárez volvieron a cubrirse de sangre, al ser ahorcados en ellos aquellos pobres igualtecos. El entonces presidente de la republica don Plutarco Elías Calles ordenó la exhumación de los restos del Gral. Juan N. Álvarez que se encontraban en la hacienda de “la providencia” en Atoyac, en su camino para la capital del país los restos de éste querido Gral. pasaron por la ciudad del oro y los tamarindos y fueron recibidos a la entrada de la población en la calle de Aldama. La ciudadanía en unión con el Honorable ayuntamiento que entonces presidía el Sr. Ángel N. Montiel levantaron un altar en la segunda calle de independencia en el portal de la actual farmacia universal. El jefe de la brigada que llevó a cabo la exhumación fue el Mayor Medico Cirujano Vicente Jiménez y Sánchez.

Los restos del que fuera primer gobernador del estado de Guerrero fueron trasladados desde la ciudad de Iguala hasta México en un armón militar para conducirlo a su lugar destino que era la cripta No. 13 de la rotonda de Hombres Ilustres. En 1926 tomó posesión como presidente del consejo municipal el Sr. Alfonso Nava, quien en sus primeros días dio fin a algunas manifestaciones lanzadas en contra de los desmanes ocasionados por el Gral. Fox y por los problemas de la tenencia de la tierra, ya que la comisión agraria había confiscado algunos predios considerándolos bienes ejidales y comunales.