La Revolución
Diciembre 1st, 2005 por AdminTiempo promedio de lectura 5'31 minutos
El 4 de octubre, el congreso de la unión, resolvió validas las elecciones efectuadas en el mes de julio y aprobó que el Gral. DÃaz estuviese a cargo de la presidencia del dÃa 1º de Diciembre de 1910 al 30 de noviembre de 1916, sin saber que esta era la gota que faltaba para que el vaso se derramara. Este mismo dÃa se hizo con mucha alegrÃa y regocijo la tradicional fiesta de nuestro Santo Patrono San Francisco de AsÃs, con mucha música de viento y una gran celebración.
Cuando por fin se organizaron en el paÃs los partidos antirreleccionistas y nacionalistico democrático, dos licenciados cultos que radicaban en Iguala, MatÃas Chávez y José Inocente Lugo, se unieron a la causa de Madero, organizando en esta ciudad los grupos que habÃan de seguir la revolución. La campaña contra DÃaz la inició Madero con la proclama del plan de San Luis, el dÃa 20 de noviembre, estallando en la nación el movimiento armado para restaurar la democracia y derrocar al longevo dictador. En el sur la revolución era dirigida principalmente por los hermanos Ambrosio y Rómulo Figueroa, originarios de Huitzuco, el Sr. Arturo Figueroa Uriza - que es descendiente directo de estos héroes revolucionarios - comenta en su libro “Ciudadanos en armasâ€
que el Plan de San Luis y otros documentos llegaron a estos comprometidos surianos muy retrasados en tiempo por dificultades inherentes a las comunicaciones y transporte, amén de la resistencia, muy humana, en verdad, que debe haber presentado el portador, adivinando por instinto el peligro si fatalmente era descubierto por los agentes federales.
Procedentes de Huitzuco los Figueroa se entrevistan con Chávez y Lugo aquà en la ciudad de Iguala, acordando importantes planes para levantarse a favor de Madero en el distrito de Hidalgo.
El 1º de enero de 1911 toma la protesta como presidente municipal el Sr. Leopoldo Uribe y como sÃndicos los señores: Leopoldo Sánchez, Alfonso Betanzos, Manuel Aburto, Bartolo Uribe, Concepción Lome, JoaquÃn Hernández, Pedro López Torreblanca y Aurelio Arciniega Rocha.
Desde este año comenzó a funcionar en el edificio Moronati, el Banco de Morelos, siendo su apoderado el Sr. Ricardo Velasco. En el también se encontraba el banco de Guerrero y ahà mismo se fundó la sociedad de compra y venta de semillas – puesto que una de las principales actividades económicas de Iguala era la agricultura -. El 9 de febrero se abrieron las tiendas comerciales de los señores Miguel Vera y Ramiro Tesillas.
Conociendo el Prefecto polÃtico don Vital Escamilla de los levantamientos de armas en Huitzuco, mandó traer al Profr. Figueroa, hombre revolucionario muy culto, para hablar con él.
A las 2 de la tarde del 21 de febrero llegó el Profr. Figueroa al paraje donde se encontraban ocultos Rómulo y Ambrosio, manifestándoles que habÃa sido llamado por el Sr. Vital Escamilla, prefecto polÃtico de Iguala, el cual le manifestó que ya eran de su conocimiento los hechos causándole ello gran sorpresa; pero que su asombro no tenÃa limites al saber la decisión de los Figueroa y vecinos caracterizados que los acompañaban, ya que le constaba que eran personas laboriosas, de conducta intachable y por demás reposadas, y que los invitaba a reconsiderar su actitud presentándose a la mayor brevedad con él, libres de perjuicios y temores, garantizándoles la vida y ofreciéndoles amplias garantÃas. Sin embargo se acordó no darle importancia a la “desprestigiada†autoridad de Iguala y que el Profesor Figueroa se concretara a informar que “no le habÃa sido posible encontrarlos en ninguna parte, a pesar de las empeñosas búsquedas realizadas.â€
Al dÃa siguiente el Sr. Gabino Bandera y Mata hizo entrega a los Figueroa del plan de San Luis, que llegaba muy retrasado al territorio sur de la republica, pero que por lo menos habÃa llegado.
Teniendo el documento en sus manos, los Figueroa reclutaron gente de los poblados y rancherÃas cercanas a Huitzuco incitando a la rebelión de los mineros, siendo la frase más significativa la siguiente:
“…Conciudadanos, no vacileis, pues, un momento, tomad las armas, arrojad del poder a los usurpadores, recobrad vuestros derechos de hombres libres y recordad que nuestros antepasados nos legaron una herencia de gloria que no podemos mancillar. Sed como ellos fueron: invencibles en la guerra, magnánimos en la victoria. ¡ Sufragio efectivo. no reelección !…â€
Como los hermanos Figueroa no se presentaron ante el prefecto polÃtico de Iguala como él se los habÃa pedido, éste ordenó al capitán de los rurales de Iguala, que fueran a Huitzuco a acabar con los problemas, el 28 de febrero tuvo lugar el combate en el que triunfaron los rebeldes, pero por la noche recibieron un ataque sorpresa y se vieron obligados a huir.
Viendo lo ocurrido, el ministerio de guerra y marina ordenó al 2º batallón que se concentrara en la plaza de Iguala, obedeciendo las ordenes llegó y se instalo a mediados de marzo, el prefecto polÃtico renunció y su puesto fue ocupado por el Sr. Gustavo Fuentes, en los últimos dÃas de marzo corrió por Iguala la noticia de que los licenciados Chávez y Lugo habÃan sido detenidos y acusados del cargo de conspiración y de los hechos ocurridos en Huitzuco.
En esos dÃas los zapatitas hacÃan ya sus estragos en el estado de Morelos, y en sus filas se distinguÃan dos Igualtecos por su valor y destreza en el combate: Ignacio Maya DomÃnguez y Felipe Barrios Cuevas.
Según la narración de Arturo Figueroa Uriza, Zapata no es el héroe que todos conocemos, ya que mientras Ambrosio mantenÃa sus filas controladas y dispuestas a luchar únicamente por su causa y por ningún motivo en beneficio propio; Zapata no podÃa controlar a sus filas, y ocasionaban desastres y saqueos sin justificación a donde quiera que llegaban, estos hechos, aunados a los chismes que algunos revolucionaros se encargaron de correr, hicieron de Zapata y Ambrosio enemigos mortales.
El 25 de abril, don Damián Flores renuncia del cargo de gobernador, tomando el puesto el Lic. Silvano Saavedra.
El gobierno federal habÃa concedido amnistÃa a todos los sublevados, pero las fuerzas de los Figueroa, que ya se habÃan hecho fuertes nuevamente en Huitzuco, la rechazaron, exigiendo la renuncia del Gral. DÃaz y pidiendo la plaza de Iguala.
El 2 de mayo se encontraban los Figueroa con mil hombres y se dirigÃan rumbo a Tepecoacuilco, pero al llegar al paraje de el “Platanillo†próximo a Iguala, encontraron la grata sorpresa de que el ayuntamiento de esa ciudad, en masa, habÃa ido con el fin de saludar a los Figueroa, atención que mucho agradecieron por inusitada. En este mismo lugar se apartaron los emisarios designados con anterioridad para trasladarse a Iguala, que a saber son: los coroneles Guillermo GarcÃa Aragón y Andrés Castrejón, el mayor Daniel Cuellar y el capitán JoaquÃn Berdejo, acompañados ahora, fortuitamente, del ayuntamiento, y el resto de la columna prosiguió hacia Tepecoacuilco.
Más tarde se incorpora en las cercanÃas de la laguna de Tuxpan, una fuerza de doscientos hombres comandada por Gregorio Vicario y Giles Bahena. En el lomerÃo inmediato a dicha laguna se une una tercera y más numerosa columna al mando de Leovigildo Ãlvarez y Jesús H. Salgado, compuesta de ochocientos terracalenteños procedentes de Teloloapan, plaza que habÃan tomado dos semanas antes.
El Gral. Figueroa resolvió que se comenzaran a distribuir campamentos. Ordenó que en Tuxpan se estableciera el coronel Miranda con sus doscientos hombres; en Tlaxmalac Gregorio Vicario con igual numero y el resto continuara a Tepecoacuilco.
Fracasadas las negociaciones de paz, el Gral. DÃaz lanza un manifiesto a la nación explicando por qué se negaba a abandonar la presidencia, y Madero a su vez, ordena el ataque a ciudad Juárez.
Los revolucionarios de Figueroa, por su parte, activan los preparativos para asediar la plaza de Iguala, cabecera del municipio del mismo nombre y del distrito de Hidalgo.














