Restableciendo el orden
Diciembre 1st, 2005 por AdminTiempo promedio de lectura 4'45 minutos
Restablecido el orden y debidamente segregadas la fuerza federal, son nombrados los servicios de vigilancia y avanzadas de rigor. Las cruces roja y blanca instaladas en la casa del Sr. Amado J. Rivera, atendieron a ciento veinte heridos de ambos bandos, ministrando sus beneméritos fines sin distinción de partidos. Los elementos recogidos al enemigo acusaron el inventario siguiente: seiscientas carabinas Máuser siete milímetros; cuatrocientas carabinas Regminton de infantería, de igual calibre, sistema Mondragón; cien mil cartuchos; bandas de guerra y diversos; doscientas bestias entre caballos y mulas; y provisiones de boca calculadas para una semana de sitio. El combate costó a la defensa de Iguala ciento cincuenta bajas, considerando en ellas a 46 muertos; por parte de los revolucionarios atacantes hubo dieciocho muertos, en su mayoría a causa de la acción equivocada del mayor Ortega. El cuartel general revolucionario fue establecido en la casa del Señor Enrique Pedrote, es ahí donde se congregaban los cabecillas con el objeto de intercambiar opiniones sobre el destino que darían a los prisioneros de guerra. Tras amplias consideraciones aprobaron varias decisiones que asientan en el acta levantada al efecto, y cuya lectura expone:
En la ciudad de Iguala de la Independencia, siendo las nueve de la noche del día catorce de mayo de mil novecientos once, se reunieron en la casa del Señor Enrique Pedrote los jefes del cuerpo revolucionario del sur, con objeto de discutir y resolver convenientemente acerca del procedimiento que se debe seguir con el jefe, oficiales y soldados federales que se rindieron hoy, después de un recio combate que duró diez horas. Discutido suficientemente este punto, el Consejo de Guerra aquí reunido llegó a las conclusiones siguientes:
PRIMERA.- Que el mayor de las fuerzas federales, Eduardo Ocaranza, se le señala como residencia forzosa el pueblo de Huitzuco, donde permanecerá recluido hasta la terminación de la actual revolución, sin más garantía que su palabra de honor.
SEGUNDA.- A los oficiales federales, señores Celestino Alarcón, Carlos Zambrano, Anastacio Breas, Alejandro Kurczin, Teódulo Bustos y Juan Tabera, se les señala igualmente como residencia forzosa el poblado de Huitzuco, previa la promesa solemne que hagan, garantizada con su palabra de honor, de que no volverán a tomar las armas contra los ejércitos revolucionarios, manteniéndose en una actitud enteramente neutral.
TERCERA.- Por lo que toca a los ciento setenta individuos de tropa, se les concede, asimismo, la libertad inmediata, previa exhortación que se les hará de que en recompensa del perdón que se les otorga, quedan obligados a no tomar las armas contra las huestes de la insurrección; en la inteligencia de que, en caso de reincidir y ser capturados nuevamente, se les aplicara irremisiblemente la ultima pena. Se les advertirá que si alguno de ellos tiene voluntad espontánea para afiliarse a las fuerzas insurrectas, se les admitirá en las filas.
CUARTA.- Encontrándose entre los capturados a que se refiere la cláusula anterior, cinco soldados de nombres Mateo Cordero, Pedro Andrade, Odilón Hernández, Pedro Montoya y Rafael Hernández, que fueron capturados en los Cajones y liberados en el pueblo de Tehuixtla, el consejo decide: Sean considerados como reincidentes y pasados por las armas por haber violado la promesa que hicieron al concedérseles el perdón. De esta acta se harán cuatro ejemplares, los cuales serán firmados en prueba de conformidad por este consejo de guerra, el jefe Ocaranza y los oficiales capturados; dedicándose un ejemplar para remitirlo a la secretaría de Guerra y Marina, un segundo para remitirlo a la prensa; un tercero para fijarlo en un lugar público de esta ciudad, y otro para conservarlo en el archivo del cuartel general. Con lo que termino la sesión, levantándose la presente acta para la debida constancia. El general en jefe. Ambrosio Figueroa. General Rómulo Figueroa. Coronel Guillermo García Aragón. Octavio Beltrand, secretario. General Manuel D. Asunsolo. General Alfonso Miranda. Coronel Joaquín Miranda. Teniente Coronel Odilón Figueroa. Mayor Fidel Fuentes.
Las firmas de los militares no aparecen en este documento porque el mayor Ocaranza suplicó en forma muy comedida le eximieran a él y a sus oficiales de tal formalidad, garantizando cada quien, por su honor, que guardarían fielmente lo estipulado en todas y cada una de las conclusiones; sugería además, que convencido de encontrar en Iguala mejores facilidades de hospedaje que las habidas en Huitzuco, pedía revocaran, aunque fuera en lo verbal, el acuerdo de radicar en aquel pueblo y hacer efectivo en la CIUDAD-CLAVE el lugar de residencia obligada. Al día siguiente, 15 de mayo, como a las diez horas de la mañana, fue cumplida la pena impuesta a los cinco condenados a muerte por desobediencia a los mandatos de la revolución de no volver a prestar sus servicios al gobierno porfirista, y fusilados, ya sin mayores formalismos frente al mesón de la ciudad.
El acontecimiento, en si, fue conmovedor en todos sus aspectos, enterneciendo aun más el momento en que los sentenciados se despedían de sus jefe y compañeros de infortunio. El 17 de mayo los maderistas proclamaban en Iguala, al Sr. Profesor Francisco Figueroa Mata como gobernador del estado, se encontraban presentes los señores Juan Andrew Almazán, los hermanos Figueroa, Eucaria Apresa y Donato Miranda. El día 20 Jesús H. Salgado, cercó a la tropa gubernista cerca del pueblo de Xalitla, los prisioneros fueron conducidos a Iguala, donde se les juzgó y ejecutó. El día 23 los maderistas abandonan la plaza de Iguala rumbo a la capital del estado; al día siguiente, 24 de mayo, toma el gobierno del estado el Profesor Figueroa Mata, ese mismo día el hasta entonces presidente Gral. Porfirio Díaz Morí presenta su renuncia como ejecutivo federal de la republica.
El mismo día que renunció el presidente Díaz, subió a la presidencia el Sr. Francisco León de la barra, y el día 31, desde el puerto de Veracruz, don Porfirio y su Familia parten en el vapor Ipiranga rumbo a París, Francia. Dando fin a toda una época, en la que nos guste o no el país dio grandes avances en el aspecto tecnológico, y como algunos dicen: se vivió una paz tan grande que se podía dormir en la calle con un saco de monedas de oro sin que nadie te las quitara.














