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Prológo del Autor

Diciembre 1st, 2005 por Admin
Tiempo promedio de lectura 2'24 minutos

Hablar de Iguala se dice fácil, pero no lo es tanto para aquel que verdaderamente conoce la grandeza de su tierra, elaborar una monografía de nuestro valle, implica hablar del glorioso pasado que vivieron nuestros ancestros, implica mencionar nuestras costumbres y tradiciones, la siembra y la cosecha, implica mencionar hechos que se han vuelto leyenda y desmentir algunos mitos que se dan como hechos; elaborar un trabajo de esta magnitud, es sin duda, un trabajo para verdaderos historiadores, pues es una gran responsabilidad la que se adquiere, se debe cuidar cada detalle, cada hecho ocurrido, cuidando de no pasar por alto ningún acontecimiento ni ninguna fecha de valor, mencionar las construcciones históricas, los vestigios arqueológicos, mencionar lugares y nombres, teniendo el cuidado de no mentir, teniendo el cuidado de aclarar cuanta cosa se menciona para no confundir al lector. Siendo originario de mi querida Iguala, no podía pasar por alto la oportunidad de hablar sobre mi valle, sobre la tierra en donde nací y donde he crecido.

El fértil valle de Iguala me ha cobijado siempre entre sus cerros, la sombra de sus árboles frondosos me ha guarnecido de la furia del sol, su gente se ha encargado de enseñarme sus costumbres…y gracias ha ello he sentido la esencia Chontal, he tenido el privilegio de pasar por el zócalo y oír las voces de mis paisanos indígenas hablando náhuatl; he oído ciertamente, las voces de antaño, las mismas que hace 500 años retumbaban en nuestro valle y que hoy nos hemos encargado de silenciar. Los tiempos de gloria de Yohuala están extintos, ya la enagua, el taparrabo, el calzón de indio y el rebozo se han vuelto recuerdos… recuerdos que nunca morirán.

Lo cierto es que el tiempo lo acaba todo a su paso, aun aquello que deseamos conservar, es por eso que decidí escribir este trabajo, rescatando todo cuanto aun existe, hoy nuestras costumbres están extintas, mañana serán historia y pasado sólo quedara el recuerdo. Los mismos aztecas sabían que sus costumbres jamás serían olvidadas, y aunque hemos perdido la costumbre y la tradición, siempre recordaremos la grandeza de Yohuala, como los aztecas solían decir:

 

“Tiyazque ye, zan totlallo in on nemi ye nican in tlalticpac” “Nos habremos ido nosotros, pero nuestra palabras, nuestro canto vivirá en la tierra” 

 

La intención de este trabajo es hablar del fértil valle de Iguala en todo sus aspectos, económico, político y social, orgulloso estoy de ser Igualteco, pues no todos tienen el placer de ser oriundos de una tierra con tan glorioso pasado y digno presente, haciendo alusión a las palabras de N.Neumann diré que “ No todo mortal cantar podría, dicha tan grande ni placer tan santo”1  ; nuestra ciudad, nuestra gente y todo aquello cuanto existe en nuestro valle es más valioso que el oro mismo, que vivan los Igualtecos, que viva Iguala. Elaborar este trabajo no fue fácil, pero ofrezco el producto de mi esfuerzo de la misma manera que el agricultor ofrece su maíz, seguro de la calidad de su producto, orgulloso y contento, porque la cosecha ha sido buena.

Enrique Catalán Salgado.